La Rusia


Marihuanita rica. Lo único malo es que no sé dónde estoy. Mi visión es como la de una cámara que toma fotos en bulb. Las luces de la plaza son interminables. Haces de luz amarilla que a ratos me ciegan; a pesar que está atardeciendo las luces brillan muy fuerte, vengo de la casa de un amigo que siempre tiene pitos, me fumé tres, voy con los audífonos puestos y la capucha sobre la cabeza, así las viejas no cachan que estoy volao. Suena una canción letárgica, me siento bien, me siento sin problemas, me siento sin ese amargor que sentía antes de fumar. Veo a un perro pasar y siento que en cualquier momento se pondrá en dos patas y bailará la canción que sigue en mi mp3. Quiero sentarme, la plaza es larga, está recién inaugurada y está atardeciendo, deben ser como las 8, en verano oscurece tarde. Me senté en una galería de cemento, frente a una cancha vacía. Muevo la cabeza al ritmo de la música, se siente bien. Se acerca alguien, una chica rubia.
-Hola
-Hola
Y me besó, me dejó un poco aturdido, sacó un papelillo, pensé que era un jale o pasta, pero era una pastilla azul con una mariposa en  medio, la puso en su lengua y me besó de nuevo. La tomé de la mano, le pasé uno de mis audífonos, se recostó en mis rodillas, aún no distingo su cara, solo su brillante pelo rubio, las luces se hacen cada vez más difuminadas y nebulosas.
-Hey weón, despierta.
Era mi amigo, tenía más yerba y me invita a su casa. Al levantarme de la galería noté que estaba solo, tenía mi mp3 y mi billetera, caminé un poco y vi una animita.
“La Rusia”
-Hey, ¿de qué murió la Rusia?
-Se mató con pastillas. 


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